El viacrucis de Marc Márquez

Por Emilio Pérez de Rozas

Marc Márquez entró un día en la cocina de su casa de Cervera y sorprendió, o creyó sorprender, a mamá haciendo una tortilla de patata. «Pero, mamá, como puedes batir los huevos en dos platos», le dijo a su madre el joven campeón mientras señalaba el mármol de la cocina. «Ahora sí que me doy cuenta, Marc, que estas fatal del ojo, porque ves dos platos donde solo hay uno», le recriminó su madre para, medio segundo antes de que su hijo empezase a desesperarse, añadir: «Que no, Marc, que no, que hay dos, que los he puesto para gastarte una broma».

La vida de los Márquez ha estado salpicada de anécdotas como ésta, sí, pero también de mucha tensión durante los últimos cinco meses. La lesión que el campeón de Cervera se produjo, cuando estaba peleando, cuando ya acariciaba, el título de Moto2 en Malasia, en un entrenamiento donde los comisarios de pista no detectaron el charco que, sobre el asfalto, había provocado un inoportuno escape de agua, fue de las que pueden jubilar anticipadamente a un piloto.

 «Marc sufrió un tipo de parálisis muy delicada, mucho», explica el doctor Bernardo Sánchez Dalmau, que acabó operando, con sus manos de orfebre a Márquez. «Es una lesión que se producen muchos deportistas pero que, curiosamente, en los pilotos es muy extraña, ya que llevan la cabeza muy bien protegida. A Marc se le paralizó el cuarto nervio del ojo derecho y le afectaba el dominio recto, hacia abajo y a la izquierda. Y todo eso se complicaba aún más porque los pilotos no cesan de girar la cabeza y mover sus ojos, lo que obliga a esos nervios a trabajar cambiando de posición continuamente».

Los médicos del trazado de Sepang ya comunicaron a Márquez que la lesión podía arreglarse en un día o en seis meses. Ni Marc ni Emilio Alzamora, su manager, se sorprendieron ya que, tres años antes, en el Campeonato de España, Márquez sufrió idéntico problema y, a los dos días, ya iba al cole y, a los cinco, volvió a montar en moto. «Se me fue enseguida y ahora, mira, han tenido que pasar casi cuatro meses y una delicada operación», recuerda el piloto, feliz de estar en Catar en plenas condiciones físicas para iniciar mañana el Mundial de Moto2. Todos recuerdan que, tras la caída de Malasia, Márquez ya no pudo volver a correr porque, como cuentan Roser y Julià, sus padres, sin perder la sonrisa que les caracteriza, «cada día se levantaban viendo doble, pero animado a salir adelante». «De nuevo ha demostrado una entereza admirable», cuenta Roser. «No ha parado de animarnos a todos», añade Julià.

Nadie lo ha pasado bien en esta historia. Ni Julià, ni Roser, ni Marc, ni su hermano Àlex, que ha tratado de ser el lazarillo del campeón. Tampoco Alzamora, tampoco. «Desde que sufrió la caída, absurda, que pudo evitarse, solo nos pasaron cosas malas: Marc se hizo daño, dudó, temió lo peor, no pudo seguir peleando por un título que hubiese podido ser suyo y, encima, la recuperación ha sido muy larga», señala el manager del campeón catalán. «Siempre digo que Marc nunca deja de sorprenderme, pero esta vez ha demostrado una entereza, una personalidad, un coraje y una sensatez dignas de elogio».

«No había más remedio que esperar. No podíamos hacer otra cosa, pues lo ideal es que el nervio se recupere por sí solo», comenta el doctor Xavier Mir, mago de las manos y médico de confianza de Márquez y Alzamora, que ha orientado al joven durante todos estos meses. Primero fueron al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat donde los doctores Lluís Til y Antoni Turmo recomendaron paciencia y unos ejercicios de recuperación, que sirvieron, sí, pero no recuperaron el nervio del todo. Luego se pusieron en manos del doctor Sánchez Dalmau, que agradece «la enorme confianza que depositaron en mi desde la familia hasta Alzamora y, sobre todo, la tranquilidad que me transmitieron al asegurarme que no pensaban tomar riesgo alguno y que, si tenían que esperar, esperarían, pues ya habían empezado con tres ceros la temporada pasada y no les importaba repetir la experiencia si la curación de Marc dependía de ello. Usted no puede suponer lo que significa para un médico que le permitan tomar las decisiones sin prisas, sin presión».

Sánchez Dalmau reconoce que lo normal, en estos casos, es esperar seis meses pero no tuvieron más remedio que acortar esa espera. «No tanto porque queríamos intentar que Marc pudiese empezar el Mundial, no, sino porque observamos que la recuperación del cuarto nervio se había frenado y ese estancamiento empezaba a ser preocupante, ya que estaba afectando al nervio que realiza el efecto contrario al paralizado». Antes de realizar una intervención tan delicada, Sánchez Dalmau realizó una reunión con el doctor Jordi Arruga, del Institut Català de la Retina, y con la doctora Ana Pert, del Institut de Microcirugía Ocular (IMO). En ese akelarre médico todo el mundo coincidió que era el momento de operar.

Sánchez Dalmau no solo reanimó el nervio oblícuo superior derecho, que fue el afectado durante meses, sino que debilitó, intencionadamente, el nervio oblícuo inferior derecho. «Lo solemos hacer a menudo para que todo se equilibre, se compense. Y, en efecto, a los pocos días, Marc ya notaba mejoría». Mir elogia las manos de Sánchez Dalmau y su enorme habilidad en el quirófano. «Esto no es un hueso, esto no es poner una plaquita, tornillos y a correr», señala el traumatólogo que reconstruye en un soplido los huesos de los pilotos. «Sin esa microcirugía, Marc hubiese tardado muchísimo más en recuperarse o, peor, no se hubiera recuperado del todo nunca».

«Es evidente», reconocía ayer Márquez en su reluciente box del trazado de Losail, en Doha (Catar), «que, durante tantos días, te pasa por la cabeza la posibilidad de no volver a correr o no recuperarte del todo, pero los doctores Mir y Sánchez Dalmau siempre, siempre, me tranquilizaron y me recordaron que estas lesiones, a veces, son lentas. Y aquí estoy, dispuesto a seguir disfrutando de las carreras». Y haciendo disfrutar, aunque no lo diga.

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