Lluvia de victorias en Catar

Por Emilio Pérez de Rozas

A media tarde pronosticaron que iba a llover. Bueno, dijeron que había un 40% de posibilidades de que lloviese sobre el trazado de Losail, ya sabeis, en Catar y, cuando llueve en el desierto, llueve. Y mucho. Y, si llueve, no se corre. Por las luces, por los brillos, por el reflejo. ¡Qué se yo! No se corre y punto.

 

Así que entramos después de comer en el desértico trazado catarí (y ahora me refiero a la ausencia absoluta, total, de público, que no de arena), con la sensación de que, después de un puñado de horas de avión (aún nos quedaba el regreso) y la inversión de varios cientos y cientos de euros, nos ibamos a quedar sin carreras.

Pero volvió a demostrarse que los hombres del tiempos son todos parecido, o iguales, en todas partes del mundo. Y, a lo sumo, lo que llovieron fueron victorias y más victorias de pilotos españoles, concretamente el triplete nº 13, que fue, sin duda, el de la buena suerte, aunque será bueno alejarse de esa cifra cuanto antes. Ya mismo, dentro de tres semanas en Jerez ¿no?

La verdad es que Catar es un gran premio muy particular, no solo por el horario, la noche, la arena, el debut de la temporada y la dificultad para poner las motos a punto ya que las condiciones climatológicas y de horario son únicas y no se repiten más a lo largo de toda la temporada.

En ese sentido, hubo situaciones que, en efecto, se nos antojaron ¿verdad? prolongación de la pretemporada. Por ejemplo, el absoluto dominio de Maverick Viñales en la categoría de Moto3 donde, sin duda, demostrará que es un auténtico prodigio, el nuevo Marc Márquez, el futuro Jorge Lorenzo, él, un chaval simpatiquísimo que huele a campeón.

Hubo la grata, gratísima, maravillosa sorpresa de ver, por fin, emerger, aparecer, relucir, a un joven italiano, llamado Romano Fenati, uno de los tres pilotos más jóvenes del Mundial (el más joven, por semanas, por dos meses, es su compatriota Niccolo Antonelli -uno campeón de Europa de 125cc y el otro, campeón de Italia–), que se pegó a Viñales y, al final, no tuvo más remedio que conformarse con el segundo puesto. ¿Conformarse?, ¡pero si Loris Capirossi y Valentino Rossi fueron a buscarle al podio para felicitarle y recordarle que ellos, los campeonísimos, solo pudieron ser sextos en su debut mundialista!

Hubo sensación, confirmación, demostración, de que Moto2 es la categoría, que, tal vez, deberíamos de escribir con mayúsculas, en espera de que MotoGP acabe convirtiéndose en algo parecido de la mano, por supuesto, de las futuribles CRT. Ahí, en la categoría intermedia, volvimos a comprobar de que pasta está hecho Marc Márquez, puro acero indestructible, invencible incluso partiendo de su letargo invernal, lesión ocular, operación delicadísima de microcirugía y con apenas cinco entrenamientos. Márquez dijo que quería puntuar y acabó jugándose la vida para ganar. Ése sí huele a ‘Doctor’.

Pero en la manada que persiguió a Márquez, además de viajar un caballeroso y agresivo Andrea Iannone, que felicitó amablemente al ganador, estaba un miedoso Thomas Luthi que, tal vez, pensó que su fabulosa pretemporada le iba a proporcionar una victoria a ciegas. Y, cuando tuvo que pelear, se asustó. Eso sí, luego dos de sus ´’mecas’, uno de ellos de casi dos metros, fue a buscar camorra al ‘box’ de Márquez y el campeón de Cervera acabó parándole los pies.

Y para pies, manos, tronco, piernas, rodillas, muñecas, ardor, coraje y valor los de la fabulosa pareja de Sito Pons, cuyo equipo ha resucitado de la mano de Pol Espargaró, pletórico todo el fin de semana catarí al que, tal vez, le sepa a poco el tercero puesto, pero que debería de saber que eso es plata de ley y que esto, como decía Carlos Sainz en su época dorada del Mundial de rallys, «no es como empieza, sino como acaba». Idéntica lectura habrá sacado, él sí, el feliz Tito Rabat, un muchacho al que nadie, ni siquiera su caballeroso padre, le ha regalado nada, pues todo, como su carrerón en Losail, se lo ha ganado a pulso.

Y, puestos a celebrar, ya que afortunadamente no llegó la lluvia, celebremos que Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa, ya casi hermanos, amigos de conversación, saludos y abrazos ¡yupiiiii!, sometieron al mismísimo Casey Stoner en una carrera preciosa, cierto, más táctica que vibrante, pero inesperada por su tremendo desenlace: victoria de Lorenzo, segundo puesto, pegadito, pegadito de Pedrosa y derrota de Stoner, que fue, sin duda, el único que perdió, ya que él, hasta esa noche, era el ‘emir´ de Losail’, pues había ganado cinco de las últimas siete carreras que había disputado en el desértico trazado.

Solo un apunte más, sí, ya sé que me estoy alargando demasiado: lo de Valentino Rossi y Ducati pinta muy feo, pero que muy feo. Da la sensación de que las dos líneas de investigación, puesto a punto, evolución y desarrollo lideradas por el ingeniero italiano Filippo Preziosi y el técnico australiano Jeremy Burgess no coinciden en casi nada. Y el ‘Doctor’ sin saber por cual decantarse.

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